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COMO NACE UNA PORTA DEL PIRINEU: DE CRISÁLIDA A MARIPOSA
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Para mí, todo empieza con un rescate. La primera vez que toco la madera de una ventana vieja, no veo solo un marco sucio o castigado por el tiempo; veo el latido de una historia que todavía no se ha acabado de explicar.
Mi proceso es pausado. Empiezo liberando la madera: retiro el barniz viejo, la curo y la preparo. Es mi momento preferido, un tipo de ritual de limpieza donde descubro la pieza preciosa que se escondía bajo las capas del olvido. Esta ventana es mi crisálida.
Una vez tengo el marco, me dejo llevar por el diseño. Empiezo a levantar la obra desde cero, dando forma a las ideas con mis manos. Corto las piedras una a una para hacer las portaladas, buscando el ensamblaje perfecto para que mi diseño se convierta en realidad. Después vienen los balcones y los tejados, hasta que el cemento acaba de unir cada pieza en un todo sólido.
Pero lo que realmente me hace disfrutar son los matices. Utilizo pequeños recortes de madera reciclada para crear las puertas y las barandillas; esculpo las jardineras, los picaportes e incluso los clavos de las puertas. Son estos detalles casi imperceptibles los que hacen que cada pieza sea única.
Al final, cuando coloco el último ornamento, doy un paso atrás y sonrío. Aquella ventana vieja ha desaparecido para dejar paso a una mariposa: una “Porta del Pirineu” llena de vida.
Arte artesano para quien entiende que la belleza real reside en los detalles hechos a mano.
